Good Cop

“El problema de ser policía es que ves demasiada mierda. El mundo es bueno. La gente es buena” afirma el padre de Sav, que juega a ser Dios mientras respira en su cama entrecortadamente. Esta frase (por muy banal que pueda parecer), es el punto de partida del nuevo drama policíaco de la BBC con claros tintes de Luther (no hay más que ver la estética y lo tétrico que puede dibujarse Londres), y protagonizado por el sorprendente y aún poco explotado, Warren Brown. Con el piloto de unos cincuenta minutos aproximados de duración (para mi gusto, un pelín largo), Stephen Butchard (House of Saddam) asienta una historia contenida en sí misma, sin demasiados artilugios visuales ni narrativos, que precipitan al espectador a un auténtico dilema moral desde el minuto cero y que termina alargándose hasta el cliffhanger final; ¿el lado oscuro del ser humano puede corromper hasta el hombre de ley más comprometido? Pese a que esta no es la primera vez que una ficción televisiva se sumerge en explotar esta disyuntiva tan peliaguda, lo cierto es que Good Cop ha sabido reinventarse y ofrecer una premisa abierta y desenfadada, en donde el espectador puede escoger el punto de vista moral que más le convenga.

Darren Brown, que parece haber aprendido mucho de Idris Elba en estos tres años, se mete en la piel de John Paul Rocksavage ‘Sav’, un agente de la policía londinense que se ve inmerso en un alud de acontecimientos que le llevarán a replantarse su postura moral frente a la vida y sobretodo, hacia la condición de los criminales que día tras día termina enviando entre rejas. Quizás también influya la aparición de Stephen Graham, el actor que viene dispuesto a quitarle a Morgan Freeman el récord de películas protagonizadas por segundo, interpreta a Noel Finch; un despreciable capo de lo que parece ser una pequeña mafia underground de los suburbios de Londres, que no soporta a los policías y le encanta acongojar a camareras en lavabos públicos. Precisamente Finch y sus compinches serán los principales antagonistas de Sav durante el piloto, además del caso de un joven cuyo hermano de apenas unos meses, muere repentinamente en sus brazos y que no termino de comprender muy bien que pinta ahí. Como podemos ver, la historia no tiene mucho más. A primera vista puede ser un relato construido a partir de un found footage o la copia barata de Luther, pero lo cierto es que Good Cop engancha y no sabemos muy bien por qué. Quizás sea por esa estética aciaga y perversa que sólo Londres parece sacar a la luz o por los complejos morales que posee Sav, o incluso por esa facilidad de que tiene Butchard para quedarse con los tópicos menos manidos del género policíaco. Pero sea como fuere, la trama principal de Finch y los demás casos que aparecen en el capítulo no es el principal interés de la serie de la BBC. Hay mucho más bajo la superficie; empezando por el background de Sav, su extraña relación con su padre que yace postrado en la cama de su casa y conectado a un respirador de por vida o la culpa que le carcome por dentro cuando ve a su ex mujer y a su hija paseando bucólicamente por la playa. John Paul es bueno, pero el mundo parece querer darle la espalda. Quizá por ello acuda con tanta asiduidad a la figura de su padre, que parece alzarse ante él como su guía espiritual capaz de dirigir a su yo interno, que le recuerda constantemente la verdadera naturaleza de su personalidad.

Pero como siempre en la vida, el azar (mucha gente lo llamaría karma) nos da la espalda y debido a un suceso que tiene lugar a mediados del episodio (no desvelaremos cual es para aquellos que quieran ver la serie), el universo de John Paul se trastoca por completo. Y eso que Butchard ya se ha encargado de asentar y subrayar con insistencia un maniqueísmo de libro personalizado en la figura de Finch por un lado y por el otro el de la policía, a la que se intenta humanizar (no engañan a nadie) a través de la muerte y su sentido del deber. Sav se encuentra en el centro del huracán, en el punto en el que no se pueden ver las cosas con perspectiva y eso le precipita a un vacío existencialista en donde ya nada parece tener sentido y cuyo impulso le lleva a cometer un atroz acto; la naturaleza del ser humano parece ser siempre perversa. John Paul se compromete entonces con un nuevo modus vivendi, completamente desconocido para él y que será el núcleo central del resto de la temporada; ¿Cómo vivir contigo mismo después de transgredir tus propios ideales? Como ya sucede con Walter White en Breaking Bad (vamos a salvar las distancias), Sav se ha transformado en lo que podríamos llamar un monstruo, un enfant terrible que opera al margen de la ley pese a ser el principal representante de ella. La controversia que genera la noche que Finch y sus compinches se montan una fiesta de escándalo y la cosa termina yéndose de madre, empieza la verdadera transformación de John Paul, que debe mirar impasible como la vida pasa ante él sin poder hacer nada al respecto. Entonces la trama nos empuja a replantearnos esto; ¿realmente es tan horrible lo que hace John Paul? ¿Hubiéramos hecho lo mismo que hizo él en su lugar? Probablemente si has seguido con detalle las cinco temporadas de Breaking Bad, no te sonarán del todo rara estas cuestiones. Ni siquiera verías extraño que la conducta de Sav fuera evolucionando hasta límites insospechados, llegando a involucrar en sus locuras a la poca familia y amigos que le quedan.

Good Cop es un diamante en bruto que aún le queda mucho por brillar. Ya sólo con la fotografía, el uso inteligente de los planos y esa última escena en la que John Paul se sumerge en el mar completamente vestido y buscando la redención, es un buen motivo para darle una oportunidad a la serie. Como todas y sobretodo en lo que a dramas policíacos británicos se refiere, la longitud de los episodios sigue siendo el principal hándicap para engancharse en cuerpo y alama a una historia en concreto, pero considero que con la serie de Butchard podría llegar a no ser una pérdida de tiempo. De momento, el piloto me ha convencido lo suficiente y seguiré su evolución con interés, sobretodo para saber como los guionistas manejan este lado oscuro del protagonista y si sabrán sacarle tanto jugo como lo hico Gilligan con W.W. Sea como fuere, de momento el nuevo drama de la BBC va por buen camino. Es cierto que sería interesante pulir varias taras de cara a la temporada, pero sólo el tiempo y la aceptación del público podrán permitir que Good Cop siga evolucionando.

Lo mejor: la realización y Warren Brown.

Lo peor: capítulos demasiado largos y algunas escenas de relleno.

Tiene una retirada a: Breaking Bad en el desarrollo de personajes y Luther.

Primera impresión: 6,5/10

Comments

  1. José M. silva says:

    Con respecto a la crítica aquí arriba redactada, y en particular a la comparación que hace con Luther, al principio, sólo decir que tan tétrico dibujan Londres, que resulta que no es Londres, es Liverpool.

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