El enemigo está en casa

Que Homeland es una de las mejores series de este 2011 es ya un fact como un piano. No hay más que mirar los rátings (el piloto consiguió rozar los dos millones de espectadores, cifra récord en la cadena), la buena acogida que ha tenido entre la crítica y sus recientes nominaciones a la 69ª edición de los Golden Globes (mejor drama y mejores actores protagonistas) y a tres categorías de los Writers Guild of America Awards (mejor drama, mejor serie nueva y mejor episodio por The Good Soldier).

El nuevo thriller de Michael Cuesta (productor cinematográfico y director de algunos capítulos de True Blood, Dexter y Six Feet Under), nos sumerge en el peligroso -a la vez que desconocido- mundo del terrorismo islámico y el poder de la burocracia a través de la historia de Nicholas Brody, un sargento de la marina norteamericana que es rescatado de Iraq tras permanecer más de ocho años retenidos por las fuerzas del terrorista Abu Nazir (algo así como un Osama Bin Laden ficticio). Los que no saben los gerifaltes de las principales agencias de inteligencia norteamericanas es que aquel hombre al que han recibido con ínfulas de rey, será el principal responsable de algunas de las conspiraciones más peligrosas contra la cúpula gubernamental del país. Pero claro está, todo esto es un secreto. Una gran mentira que Brody (interpretado por un genial Damian Lewis) cargará religiosamente consigo hasta el final de la temporada -no hay más que ver como, estando ya todo perdido, sigue mintiéndole a Carrie tras la salida de ésta de comisaría-. Brody miente a su familia (la infidelidad conyugal con Carrie, la conversión al islamismo y el compromiso con la causa de Abu Nazir, tras la muerte del primogénito de éste), a su mejor amigo Mike (le oculta que es un terrorista), a las autoridades que le acogen a su llegada y hasta al mismísimo Abu Nazir (no le cuenta su rollito con Carrie, ni tampoco que su hija ha descubierto su conversión al islamismo). Pero por encima de todo, el sargento se miente a sí mismo. En parte (es de imaginar) que para intentar ocultar los terribles recuerdos de estos ocho últimos años que, noche tras noche, siguen atormentándole en su memoria. Brody ya no se siente en casa. Ya no quiere a su mujer (de ser así no se hubiera acostado repetidamente con Carrie) y por mucho empeño que le ponga, sus hijos no dejan de ser un par de desconocidos para él. Es un hombre sin rostro, sin vida, sin pasado. Como bien se muestra en el póster promocional, la mitad de su ser ha desaparecido, desperdigado por las rudas tierras árabes. Y la única manera que tiene de recomponerse es buscar una nueva vida. Un nuevo hogar.

Homeland es pues una mordaz crítica. Una radiografía semi-difusa pero ordenada de manera magistral, sobre lo que realmente pasa tras las puertas del gobierno y los servicios de inteligencia norteamericanos. Son muchas las películas y documentales que han diseccionado el tema, pero hasta ahora  la ficción televisiva (quizás 24 fue una de las pioneras tras el caos del 11-S) no se atrevía a hincarle el diente de una manera tan respetuosa y poco sensacionalista. Homeland hace especial hincapié en el cambio de roles, entre gobierno y cúpula terrorista, y en la alienación en la que vive perpetuamente el ciudadano de a pie (representado con la familia de Brody). Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. Esto queda perfectamente reflejado en la concepción de los dos personajes principales y antagonistas entre sí, como son Nicholas Brody y Carrie Mathison (Claire Danes). El primero tan físicamente desvalido. Perdido. Atormentado por los constantes recuerdos de su experiencia como prisionero de guerra, pero que a la vez es capaz de recobrar en esa miseria, la fuerza necesaria para luchar por una nueva causa, por muy alejada que esté de las promesas que juró al convertirse en marine. Resulta curioso ahora recordar los primeros diez minutos con las que abre la season finale, Marine One, y en los que Brody mira atentamente a la cámara mientras jura proteger a su país. Y por otro lado está Carrie, agente de la CIA que inicialmente aparenta ser una arpía rencorosa y vengativa, atrapada en la frustración de no haber podido salvar a su amigo en Iraq y que busca en la crucifixión de Brody, su redención. Pero a lo largo de la temporada vemos como la joven, envuelta en un espiral psicótica debido a su trastorno mental, se va desmembrando poco a poco. Ya no queda nada de esa agente predispuesta y desconfiada sobre la lealtad de Brody que instala cámaras ocultas en su casa para espiarle. Ahora es un juguete roto, desamparado y que clama a gritos sordos de auxilio su salvación (No me permitas olvidar, susurra antes de caer inconsciente por el electroshock).

Durante la serie, y sobretodo en la season finale, ambos experimentan un intercambio de papeles de una manera radical a la vez que traumática; Brody matando a su compañero Tom Walker sin escrúpulos y Carrie acudiendo al hospital a someterse a una terapia de shock. Esto los consolida como Brody, el nuevo enemigo a batir y más poderoso que nunca debido a su proximidad a cargos gubernamentales, y Carrie como el animal herido y frustrado, atacada por sus propios compañeros que ven en ella como una víctima de su propia neurosis y teoría conspiranoide. Esta imposibilidad de ser socialmente “aceptada” le lleva a someterse a un profunda terapia de shock que podría provocarle pérdidas de memoria. Pero no importa, el fin justifica los medios. Como para Brody matar a boca jarro a su compañero de fatigas, para demostrar que es digno de la confianza de Abu-Nazir. El sargento ya no es un americano, ahora sirve a otra causa más grande.

En Homeland también se debate constantemente sobre el concepto de hogar y el ambiguo significado de la parábola del regreso del hijo pródigo, vista como un nuevo rayo de esperanza. En este caso, el rescate de Brody es la perfecta representación de esta idea. De la dualidad que se forma entre el lastre que arrastra la cultura norteamericana, incapaz de abandonar su constante necesidad de enaltecimiento como nación superior y la amenaza que supone las posibilidad que el hijo pródigo regrese convertido en traidor. De hecho, Carrie es la primera en representar a éste segundo sector, afirmando que Brody no es quién dice ser. El hecho de haber sobrevivido a una experiencia tan traumática como la que vivió el sargento (y más viniendo del principal enemigo de Occidente como es el terrorismo islámico), convierten a Brody en el perfecto ejemplo de héroe nacional. Pero nada más lejos de la realidad. Tras ocho años inmerso en una cúpula “terrorista” -y vale la pena entrecomillar este concepto, ya que en ciertos momentos de la trama se duda sobre quien es realmente el terrorista-, el marine es reclutado por el mismo Abu-Nazir, que decide enseñarle los motivos de su causa. Es entonces cuando Brody conoce la otra cara de la moneda. La del sector menos favorecido de la guerra. Y en parte, esto se debe a la figura de Issa, el hijo pequeño de Abu-Nazir, al que éste deja al cuidado de Brody para que aprenda inglés con fluidez. A través de él conocerá la parte más oculta y pura de la cultura islámica. Esa inocencia de Issa y su paulatina amistad, le irán despertando un sentimiento de amor y compromiso que nunca antes había sentido. Pero todo ello termina cuando Issa es asesinado tras la caída de una bomba norteamericana cuando se disponía a ir a la escuela. Brody clama venganza. Está furioso. Su nueva vida (en parte su actual hogar), a la que ahora se había entregado en cuerpo y alma, ha quedado sepultada bajo los escombros de la avaricia y la insensatez de los cazas americanos. Ya no queda nada. Sólo la muerte. Y como la muerte en el islam no es más que otro paso más hacia la salvación y no el final de la vida espiritual, Brody decide amarrarse un chaleco de explosivos al cuerpo e intentar asesinar al vicepresidente de los Estados Unidos de América.

Pero cuando está a punto de activar el detonador, recibe una llamada de su hija (un deus ex machina como una casa) que le pide que regrese a casa, al que ahora es su hogar. Es entonces cuando Brody recuerda con dolor esa misma sensación que sintió al sostener el cuerpo sin vida de Issa, al que consideraba ya su hijo, y lo que podría suceder si finalmente hacía detonar la carga. La misma arma que le había arrebatado un trozo de él mismo en el pasado, iba a arrebatarle la vida a su familia. De nuevo esa misma dualidad que viene acechando a la conciencia de Brody; ¿cuál es mi verdadero hogar?. “Te prometo que volveré a casa, Dana” afirma entre lágrimas, mientras sabe que está todo perdido porque está fallando a Issa y también a su fe.

La serie de Michael Cuesta se localiza en una etapa en la que el 11-S queda ya muy lejano, pero que las teorías conspiranoides están a la orden del día. Sobretodo a raíz del arrestro y linchamiento público del jefe libio M. Gadafi y la muerte de Osama Bin Laden y su posterior no-entierro, al ser arrojado su cuerpo al mar desde un avión norteamericano. 24 plasmó esa necesidad de profundizar en las sospechosas maniobras del gobierno contra el terrorismo (de hecho, en Homeland aparece el United States Homeland Security Department, una ficticia organización creada para prevenir y eliminar posibles ataques a gran escala) y de que muchas veces, el enemigo está en casa. Porque lo que realmente importa es preservar el hogar, nuestra vida, nuestras costumbres y a nuestra familia. Homeland es en parte eso, un retrato sobre el regreso al hogar. Por un lado de aquel que vuelve para cambiarlo (Brody) y el que quiere mantener las cosas como están (Carrie). También de  sobre como cambiamos en el camino y hacia donde nos empuja una sociedad cada vez más corrupta y manipulada. Los traumas personales que cambian radicalmente el alma de un individuo. De hecho, esta perversión de la conducta humana que mencionábamos anteriormente se muestra de muchas maneras en la serie. Especialmente en la mentira, acción que realizan prácticamente todos los personajes, sin excepción; Carrie con Brody, Saul, su familia y ella misma, negando su condición mental; Brody, con su esposa, amigos, gobierno y al propio Abu Nazir; Saul, ocultándole información a Carrie y son su mujer, a la que asegura que dejaría de trabajar tanto para pasar más tiempo con ella; Jessica a Brody, al engañarle con su amigo y a sus hijos, intentando cubrir constantemente las extrañas conductas de su padre; y así un largo etcétera.

Tras la season finale emitida el pasado 18 de diciembre, ahora a Homeland le queda un largo período para reflexionar, asentar los éxitos conseguidos y redirigir la trama para segurir sorprendiéndonos y congelándonos como lo ha hecho durante esta excelente y breve primera temporada.

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