25 FPS #01

‘Hana-Bi’ – Poesía del amor y de la muerte

Por David Hidalgo

Quién iba a decir que un conocido humorista japonés como Takeshi Kitano (conocido bajo su seudónimo ‘Beat’ Takeshi) iba a dar semejante giro a su carrera, convirtiéndose en uno de los cineastas más serios, prolíficos y reputados del cine asiático. Y todo por un motivo muy simple: no le ofrecían papeles serios ni nada que no entrara dentro del género cómico, de modo que empezó a dirigir para otorgarse a sí mismo roles más trascendentes. ¡Una decisión de la que ha surgido una filmografía interesantísima que todo cinéfilo que se precie debe tener en cuenta!

Y es que esa filmografía, aparte de tratar temas recurrentes (el amor y la muerte como caras de la misma monedad, el poder de la Yakuza sobre la vida de personas de a pie…), es variada en cuanto a géneros y temáticas pero cargada de lirismo visual y repleta de cuestiones personales del propio autor. No en vano, esta Hana-B (Flores de Fuego)’ es una cinta que Kitano realizó a modo de terapia psicológica: tras un accidente que por poco acaba con su vida (quedó en coma varias semanas) y que le provocó el característico tic facial que lleva arrastrando desde entonces, Kitano decidió superar el trauma y las secuelas de dicho accidente a través de la pintura y de la recuperación de aficiones ya olvidadas. Al cabo de un tiempo, culminó esa terapia de sanación mental con esta cinta, en la que tienen cabida tanto sus fetiches argumentales (policías y Yakuza, muertes con y sin sentido, el amor como forma de apreciación de las pequeñas cosas de la vida…) como temas aparentemente banales pero fundamentales para el cineasta (el poder sanador de la pintura, por ejemplo).

Además de un ejercicio espiritual del cineasta, Hana-Bi es una película extremadamente lírica, repleta de planos y de instantes que justifican por sí mismos el visionado obligatorio del film. Delicada y poética, pero brutal y desgarradora al mismo tiempo, es una obra capital dentro de la filmografía de Kitano, tan representativa de su vida y de su estilo como lo es Los 400 Golpes para Truffaut u Ocho y Medio para Federico Fellini. Narrada mucho más a través de las imágenes y de una exquisita fotografía que a través de diálogos (de hecho, el protagonista apenas habla, y menos aún su esposa enferma) y de comportamientos, es una película en ocasiones lenta y difícil de asimilar. De hecho, y a título estrictamente personal, no se la recomendaría a quien quiera introducirse en la obra de Kitano por primera vez: para eso hay películas más accesibles, como la destacable Violent Cop (su debut cinematográfico en 1989), Sonatine o la magistral El Verano de Kikujiro.

Además, huelga decir que puede resultar algo chirriante la presencia de dos de las subtramas del film (la del paralítico detective Horibe y la de la esposa de uno de los oficiales muertos en acto de servicio), cuya conexión con la trama principal es un tanto anecdótica y episódica. Sin embargo, se puede achacar a que la intención de Kitano era la de otorgarles relevancia, no dentro del plano argumental (es decir, de la trama principal), sino la de situarlas dentro del contexto de la vida cotidiana del protagonista a fin de darle mayor profundidad y de poder comprender mejor su situación y los demonios que le acechan. Y, por qué no, también cumplen la función de mostrar cómo salimos adelante tras una adversidad, y la importancia creativa y psicológica de la pintura.

No obstante, incluso para los no familiarizados con la obra de Kitano que estén dispuestos a usar la mollera y a echarle paciencia hasta llegar a un desenlace emotivo y sublime es una opción recomendable. Simplemente, es un film que agradará más a aquellos que ya estén acostumbrados al estilo personal de este magnífico cineasta y competentísimo actor: para éstos, Hana-Bi es un visionado prácticamente imperativo, necesario para comprender algunas de las claves que marcan la obra del autor a lo largo de los años y de las décadas. Ya para terminar, me gustaría hacer una mención especial a la preciosa banda sonora de Joe Hisashi (también compositor de El Verano de Kikujiro, otro bellísimo y memorable score), una música que conmueve y prácticamente cuenta la historia por sí sola, reforzando en todo momento lo metafórico y hermoso de las imágenes.

Valoración: Buena para los no iniciados en el cine de Kitano, muy buena para los amantes de su estilo cinematográfico

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