impresionando con… #Bob’s Burgers

unca llegaré a comprender como una misma cadena (si FOX, estoy hablando contigo) puede llegar a producir a la vez The Simpsons y por otro lado un soberano insulto visual como es Bob’s Burgers, la nueva apuesta para esta temporada. Quizás ese sea el mcguffin más importante de todos los tiempos y no qué demonios es la Isla de Lost. Arrastrada por la corriente de las nuevas series de animación que empezaron a adquirir cierto renombre allá por 1997 con el estreno de la controvertida South Park y que se han ido consolidando con Family Guy y muchas otras copias basadas en el mismo formato, no ha sido hasta el año pasado con Ugly Americans cuando la industria americana tuvo la idea del siglo; el mal gusto también se puede vender. Y dicho y hecho, con un buen par de… narices, Bob’s Burgers se convierte en otro ejemplo más de que el éxito no tiene porque estar siempre reñido con la calidad.

Si buceamos bajo la grasienta superficie de la serie de Loren Bouchard, que ya tiene una cierta experiencia en eso de animar cosas, es inevitable darse cuenta de que Bob’s Burgers tiene algo diferente al resto que la convierte en un producto ecléctico a la vez que insultante, pero que nos atrapa desde el principio. La historia se centra en un viejo cocinero llamado Bob, que regenta un restaurante de comida rápida en el que se hacen hamburguesas, de ahí el nombre de la serie, con su familia. Ya en el piloto, el pobre hombre fracasado tiene que lidiar con la pesada de su mujer que no para de recordarle que ese día es su aniversario de bodas, un duro control de sanidad y la incompetencia de un puñado de empleados, que no dejan de ser sus tres hijos y a los que Bob explota impunemente. Pero lejos de convertirse en uno de esas tragicomedias new age que tan de moda están hoy en día, Bouchard le da la vuelta y plantea como una vida tan absolutamente desgraciada como la que lleva Bob también puede estar llena de pequeñas sorpresas que pueden cambiar el curso de las cosas. Pero para ello, hemos de esperar casi veinte minutos de humor dantesco y de mal gusto en el que se entrelazan todos tipo de calificativos misóginos y neardentales -de esos para echarte las manos a la cabeza-, edulcorados con una ratificación del mal gusto como estandarte del “todo vale”. De manera que nos alejamos de otras series como la mencionada anteriormente Ugly Americans o Neighbors from Hell, en las que el mal gusto sí que se utiliza para elaborar una fuerte crítica contra el status quo americano y el famoso star system. En Bob’s Burgers no. No hay un mensaje tras los picores vaginales de Tina o las continuas muestras de falta de atención de Louise. Es más bien contar una historia y poco más.

Los personajes que vertebran la historia no dejan de ser, una vez más, la típica familia tradicional formada por los padres, Bob y Linda, y los tres hijos –casos bastante sonados como sucede en The Simpsons, Family Guy o The Cleveland Show-, Louise, Gene y Tina, pero la diferencia es que esta vez la maldad y el foco de atención está en los hijos y no en los padres. Y es que Bob, pese a ser el protagonista, se perfila como uno de los puntos más flojos de la trama, sin contar a su mujer Linda que termina volviéndose particularmente molesta a últimas horas del piloto. En cambio los niños se vuelven una bocanada de aire fresco; no hemos visto nada igual antes o al menos, a nivel personal.

Pero esto no deja de lado que Bob’s Burgers rebase la delgada línea de la comedia para caer en la gran bañera del mal gusto. Soy de las primeras que apoya los productos revolucionarios y transgresores que obliguen a participar activamente al espectador o que le den armas para captar una crítica sobre un concepto determinado, pero recurrir a comentarios sexuales o degradantes ralla la ilógica. No me creo que en los largos años de experiencia de Bouchard no haya encontrado la fórmula para vender sin dejar un rastro de caspa.

 

Lo mejor: la personalidad abstracta de los hijos de Bob.

Lo peor: recurrir al mal gusto para vender la serie.

Tiene una retirada a: podría decir que a Ugly Americans, aunque el tono de la serie es completamente distinto.

Primera impresión: 5/10

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