The Walking Dead

Reedición del viejo clásico, sin tapujos y con mucha clase

Hace más de cuarenta años que George A. Romero rompiera moldes con su Noche de los muertos vivientes, un auténtico hit en el género y un must en toda regla para los amantes de lo gore y los cerebros colganderos que salpican de sangre el objetivo de la cámara. Pues bien, en pleno siglo XXI tenemos The Walking Dead. Quería esperarme hasta el segundo capítulo para comprobar de primera mano si lo que estaba viendo era real o tenía que parpadear dos veces. Por aquello de que muchas cosas empiezan como la seda, un buen ejemplo es Boardwalk Empire, y luego terminan dando más bien asco. Pero todo ha sido real, existe. Han llegado los zombies y con ellos una auténtica muestra de terror en estado puro que te deja anclado en la silla. No apto para aprensivos.

Adaptado del homónimo y popular cómic creado por los americanos Robert Kirkman y Tony Moore, The Walking Dead narra la historia de Rick Grimes, un sheriff de pelo en pecho que un buen día despierta en un hospital de Kentucky y se encuentra en un mundo post-apocalíptico y plagado de zombies. Esto no es más que una premisa para que el director de tan salvaje proyecto Frank Darabont, cineasta que está también tras películas como La milla verde de un trajeado Tom Hanks o Cadena Perpetua, se de un paseo para los instintos más primitivos del ser humano en un alarde de galantería y fuerza narrativa.

Durante casi todo el piloto y parte del segundo, lo único que podemos oír es el silencio. Ese terrible silencio que muchas veces es peor que el ruido o la sensación de estar sintiendo algo parecido. En The Walking Dead no hay nada, salvo la respiración entrecortada de los únicos supervivientes luchando por sus vidas, las pesadas piernas de los infectados zombies y el graznido de los cuervos terminando las últimas sobras de carne medianamente potable.

Con el peso que suponía no defraudar a millones de fans del mundo zombie, además de otros tantos que han leído el cómic del que proviene la serie, creo que The Walking Dead ha sabido satisfacer unas expectativas que últimamente la AMC no deja de acrecentar con series verdaderamente competentes y soberbias en materia tanto narrativa como visual. No hay más que echarle una ojeada a Mad Men. ¡Eso si que es elegancia! Pero volviendo a la época contemporánea, que los sesenta nos quedan bastante lejos, creo que no me equivoco al decir que puede que estemos ante el drama más prometedor de toda esta temporada de invierno. Es decir, la historia es más de lo mismo, pero lo que subyace tras ella es lo que impregna de encanto esos intentos desesperados por salir de la terrible situación en la que se encuentra el mundo.

Quizás lo único que desentona en todo este ir y venir de calidad televisiva son los actores. He de admitir que Andrew Lincoln no es santo de mi devoción, pero me lo veo bastante sueltecilo, revolver en mano e impartiendo orden a diestro y siniestro, no obstante creo que aún le falta rodar un poco más a un personaje comúnmente tópico y que él intenta llevar al extremo del intimismo Indie. El resto, sobretodo el grupo situado en el campamento de refugiados, dejan bastante que desear, pero se les perdona ya que lo verdaderamente importante sucede fuera y no tenemos tiempo material para darnos cuenta de que sus actuaciones no son de lo más destacable.

Creo que lo prometedor de The Walking Dead reside en ir estirando esa supervivencia innata de una época que hoy por hoy es prácticamente impensable. Y es ahí donde reside el atractivo. Mucha gente se habrá imaginado; demonios, ¿qué haría yo si un día me levantara y toda la raza humana hubiera desparecido? Quizás en el fondo todos podemos introducirnos en la historia y jugar a ser un componente más de ella, tomando decisiones arriesgadas o desafiando al mismísimo Grimes. Lo cierto es, que sea como fuere, The Walking Dead es soberbia en todos los sentidos, valdrá la pena ver hasta donde llegará esa sobriedad antes de caer en el más puro hastío postmoderno.

 

 

 

Lo mejor: la puesta en escena, el uso inteligente de los silencios y el caracter humano de la historia.

Lo peor: algunos actores chirrían.

Tiene una retirada a: Zombieland, La noche de los muertos vivientes y un largo etcétera.

Primera impresión: 9/10

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