Flight of the Conchords

El apogeo del indie y el humor absurdo

Ayer saqué tiempo de flaqueza para poder terminar de ver la última temporada de Flight of the Conchords. No sé si por esa sensación de autorrealización personal de marcar como vista toda las temporadas de la serie con un solo click de ratón o simplemente porque quería despedirme de Jemaine y Bret como se merecen. Por todo lo alto. Con un ínfimo presupuesto, la HBO se vuelve a sacar de la chistera una serie entrañable, con tendencias new age, pero a la vez con ese aire ochentero que aún sigue vigente en algunos rincones del mundo.

Interpretada por los músicos Jemaine Clement y Bret McKenzie, Flight of the Conchords es la historia de dos músicos neozelandeses que llegan a Nueva York con la idea de triunfar en la música y hacerse un hueco en el panorama artístico del país. Pero nada más lejos de la realidad. Su sueño termina convirtiéndose en una auténtica odisea para conseguirlo, ya no sólo a nivel musical sino en todos los aspectos de su vida y es ahí es donde radica la grandeza de esta serie; lo difícil que puede llegar a ser vivir en la época contemporánea. Pese a que se engloba en el género cómico, la serie de Clement y compañía, bien podría ser una dramática y dura sátira del tan hastiado “Sueño americano”, a todos esos absurdos anuncios chovinistas que aún nos venden América como la tierra de las oportunidades. Vendría a ser la predecesora de How to make it in America, pero con la diferencia de que Flight of the Conchords no se preocupa por el fondo. Le da igual quedar bien delante de la cámara o que las letras de las canciones no terminen rimando al final de cada estrofa, lo importante es llegar a lo absurdo, al apogeo de las conversaciones mundanas y los personajes de vergüenza ajena. Las influencias de las series son varias, algunas como la británica The IT Crowd o posiblemente el de personaje de Steve Carell en The Office. No obstante, son esta nueva vertiente de humor primitivo pero a la vez, tan bien escogido, que es inevitable no llegar a entretener al espectador.

Además de comedia, The Flight of the Conchords es un musical. Pero no los mercantilizados al estilo High School Musical o el reciente Glee, sino un musical mucho más elaborado, que a veces casi se confunde con la realidad y las ensoñaciones de los protagonistas, entre esos aires sureños de videoclip Indie. El motivo de la canción es lo de menos, lo importante es expresar mediante la música, lo que el genial guión no acierta a describir.

Respecto al reparto, creo que es sencillamente sublime. Sin irnos más lejos, los protagonistas, músicos reales en la actualidad, realizan tan bien su trabajo que es difícil no preguntarse como podrían sobrevivir en el mundo real con tanto patetismo y tan poco don de gentes. Este dúo neozelandés, se convierte en una de las parejas televisivas más refrescantes que el género cómico televisivo ha visto en los últimos años. Posteriomente ya llegaron la comentada How to make it in America o Bored to Death, otro claro exponente del triunfo del absurdo a nivel narrativo. Y probablemente son tan grandes porque no buscan serlo, para ellos es natural tener una concepción de la vida tan sumamente tergiversada y optimista. Quizás en parte por culpa de su manager, Murray Hewitt (interpretado por Rhys Darby), un tipo bastante fantasma que sigue convenciendo a sus chicos de que serán grandes estrellas de la música, cuando en ningún momento de la serie hace el más mínimo ademán de querer cumplir su promesa. Y como no olvidarnos de Mel, la única fan del grupo, pero eso si, incondicional hasta el final, que persigue a sus ídolos allá donde vayan. Sería las llamadas hoy en día groupies, pero en un concepto plenamente naïf. Y quizás ahí radica el gancho de Flight of the Conchords que todo vale. ¿Es absurdo, patillero y surrealista? Pues entonces esta serie es su sitio. Los que esperen encontrar un humor sutil, elegante y elaborado, esta serie se les va a hacer muy cuesta arriba, pero en cambio es un revulsivo frente a las típicas sitcoms o comedias que parten siempre de la misma premisa de matrimonios en crisis o amigos con problemas amorosos.

Flight of the Conchords no es una serie indispensable, pero si muy recomendable. Sienta las bases de lo que está siendo las producciones low cost, es decir, las de bajo presupuesto que muchas veces terminan convirtiéndose en las auténticas alternativas de las grandes cadenas. Pese a que la HBO confió en ella desde el principio, fueron los mismos Jemaine y Bret los que decidieron centrarse en su carrera musical ya que rodar la serie y componer la música para cada capítulo era demasiado para este dueto neozelandés. De ellos nos quedará su humor, tan patético como absurdo, sus grandes escenas que se cuentan por decenas y ante todo, una nueva manera de hacer televisión. La idea de que otro tipo de comedias es posible y que tan sólo se requiere una buena idea y cuatro planos bien rodados.

 

Calificación final: 7,8/10

 

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