Outlaw

De todo menos fuera de la ley

Desde que empezó la temporada televisiva tengo la impresión de haber estado viendo lo mismo una y otra vez. No hay ni un solo piloto que haya picado mi curiosidad, ni siquiera Terriers que a primera vista apuntaba maneras, ha logrado pasar de un tímido seis en mi escala de valores. Outlaw se enmarca dentro de este estereotipado espacio de dramas de abogados y leyes. Es una serie plana, sin matices, llena de alusiones a otros títulos y que se escuda en la típica fórmula ya conocida por todos y que tanto CSI como Bones –y otras series de éxito– han sabido explotar.

John Eisendrath, hombre que está tras los guiones de la serie, se debate en el piloto de Outlaw entre una mera aceptación y la más pura mediocridad, con una historia que podría haber sido mejor explotada pero que en algunos momentos de intimidar y convertirse en algo que atrape al espectador. En lugar de eso, el guionista se permite el lujo de introducir personajes sobrantes, elementos que entorpecen la narración y situaciones que dan vergüenza ajena.

Outlaw narra la vida de Cyrus Garza, Jimmy Smits, un respetable juez que decide abandonar la corte que preside con el pretexto de dedicarse a fines más loables, como el de salvar la vida de un condenado de muerte al que solicita una revisión de su caso tras un juicio injusto. Para ello cuenta con la ayuda de cuatro jóvenes  –entre ellos David Ramsey, con el que trabajó hace un par de años en Dexter– que buscarán los trapos sucios de la investigación encontrando por fin la prueba irrefutable de que el condenado es inocente. Aunque la historia de por sí sola no aporta nada inesperado que te mantenga pegado al sillón, la cantidad de absurdeces que Eisendrath se permite alojar en el guión, no tiene precio.

Por otro lado, la relación y el rol que Smits representa dentro de la historia me recuerda peligrosamente al desempeñado por Hugh Laurie en House. No digo que sea el mismo, dios me libre de profanar semejante nombre, pero si que es cierto que juega un poco con la ambigüedad que ello conlleva; las relaciones entre el personal de Smits, el hecho de que uno de ellos esté enamorada en secreto de Garza, su domino del póker, son algunos elementos que casan perfectamente con la figura creada por David Shore. La diferencia dantesca es que Smits no es House. Garza es un líder pobre y carente de carisma que se ve incapaz de soportar el ritmo del piloto. El comeback de Jimmy Smits ha pasado sin pena ni gloria y de seguir con esta tónica lo que queda de temporada creo que Outlaw va a pasar rápidamente a los casos fallidos de la NBC.

Outlaw no es una serie dura como Damages, ni cómica como Ally McBeal, ni siquiera tiene una trama personal interesante detrás como en The Good Wife, sino que busca las salidas fáciles. Busca impresionar lo necesario para al espectador de cara al siguiente capítulo, nada más. No es ambiciosa, ni rompe moldes, tan sólo el hecho de que Smits fuera juez podría dotarle de un punto de originalidad, pero esto termina en menos de diez minutos de piloto. No nos engañemos, Outlaw es otro intento más de la NBC de hacernos creer que sabe hacer otro tipo de series más allá de sus típicas ideas insulsas.

Lo mejor: la figura de David Ramsey lejos del papel de Antón en Dexter.

Tiene una retirada: a House.

Primera impresión: 4,5/10

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