Terriers

Ladridos con encanto

FX presenta sus bazas para esta nueva temporada 2010/2011. A la ya consagrada Sons Of Anarchy, cuyo espectacular regreso nos dejó a todos con la boca abierta el pasado 7 de septiembre, se suma otro producto -a caballo entre el drama y la comedia-, que se aleja de las tendencias rompedoras de la cadena. Terriers es una serie más natural y menos compleja, resigue las líneas ya trazadas y aunque  innova, lo hace en su campo. Tras las cámaras, la experiencia de Adam Arkin en la misma cadena con el western 2.0 Justified y un Ted Griffin que se siente más cómodo escribiendo para cine que no para televisión, marcan las pautas.

Terriers es una serie policíaca, sí, pero creo que vale la pena englobarla en un ámbito un poco más complejo. No sólo expone una historia y se olvida completamente de sus protagonistas, sino que trabaja en paralelo para hilar ambos aspectos para que el espectador se sienta parte de la evolución propia de la serie y no tanto como un mero ojo observador. Su historia gira alrededor de Hank Dolworth y Britt Pollack, un par de policías ya retirados que deciden ganarse la vida como detectives privados. Esto les llevará a encontrarse con casos de lo más peliagudos y embarazosos, camioneta en mano, como el que se muestra en el piloto, cuya tónica parece ser la dominante de aquí al final de temporada. Pero como hemos dicho antes, lo interesante de Terriers no radica en en lo que se cuenta si no quién la cuenta. Y ahí entra en juego la capacidad creativa de Adam Arkin que ha sabido fusionar los desperdigados conceptos del papel en los dos actores principales, Donal Logue y Michael Raymond-James, ambos con una química envidiable. A pesar de tener perfiles tan diferentes; el primero tiene que lidiar con un matrimonio fallido, la venta de su casa y la muerte de un amigo, mientras que el segundo le pesa ser un chulo arrogante, aunque en el fondo pierde el norte por su chica. Quizás expuesto así parecen englobarse en los típicos clichés, pero creo que merece la pena darles una oportunidad a nivel de pareja televisiva, ya que ese conjunto es lo que los hace atractivos y no de otra manera. El resto de los personajes cumplen correctamente la función, aunque sin destacar demasiado. Tan sólo merece una mención especial la antigua mujer de Hank, interpretada por Kimberly Quinn y el policía con malos humos, y nunca mejor dicho, de turno.

A grandes rasgos la serie es vistosa. Las localizaciones están bien escogidas, no sobra ni falta nada visualmente hablando y el ritmo compagina la trama principal con las secundarias de manera fluida. Aunque para mi gusto el piloto se podría haber resuelto en cuarenta minutos y no en cincuenta, Arkin sabe abrir una historia contarla y cerrarla correctamente, aunque en el fondo no deje de ser la versión new age de un par de detectives humildes que se ganan la vida sacando a la luz los trapos sucios de los demás. La serie está toda hecha, no encontraremos extraños galimatías o mcguffins desorbitados. No es la nueva Fringe ni nada por el estilo, es otra manera de poner en práctica historias ya contadas pero con un escenario diferente.

A destacar: el rollito perruno que se respira en la historia.

Tiene una retirada a: las típicas pelis o series de detectives venidos a menos.

Primera impresión: 6,8/10

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