Mary Shelley’s Frankenhole

HUMOR ACARTONADO. Mary Shelley’s Frankenhole es una serie de otro mundo. Si se puede considerar una serie como tal. Doce minutos le bastan al impronunciable Dino Stamatopoulos, americano –sí, por si hay alguien que lo duda– que ha trabajado como guionista en los consolidados shows Late Night with David Letterman y Late Night With Conan O’Brien, y ha creado fantásticos éxitos como Moral Orel, para crear una sátira reinvención del antiguo mito del doctor Frankenstein y convertirlo en el protagonista de una serie que es de todo menos políticamente correcta.

Sólo he podido gozar del primero capitulillo de esta serie, que empezó a ser emitida por el canal Adult Swim el pasado 27 de junio, pero el primer sorbo ya me ha dejado con ganas de más. Mary Shelley’s Frankenhole es una miniserie de pocos minutos que narra la vida de Victor Frankenstein, un científico loco que ha encontrado una fórmula para conectar su aislado laboratorio, situado en el Este de Europa, a través del tiempo y del espacio mediante numerosos portales. A partir de aquí, comienzan a aparecer en escena un cúmulo de personajes históricos, a cada cual más embarazoso que el anterior, con los que Victor experimenta sin cesar. El primero de la larga lista que nos guarda Stamatopoulos es Michael Jackson, representado con voz de mujer y avergonzado de la evolución de su querido Blanquet, que ha terminado convirtiéndose en un degenerado punk, que sólo piensa en vivir la vida al máxito. Todo tratado desde el punto de vista cómico, crítico y con un humor ácido que no deja de mostrarse durante el tiempo que dura el capítulo. A su autor no le importa pasarse al lado de las vísceras, los planos que provocan arcadas, la ironía y el humor negro, teniendo en cuenta que Jackson murió hace relativamente poco. Lo importante no son las formas, de hecho, los personajes son meras marionetas de cartón movidas mediante la técnica del stop-motion, si no el discurso que hay detrás de lo que podría ser un teatrillo para niños, pero que realmente esconde un despellejamiento visceral de la vida personal de los protagonistas de cada capítulo.

Personalmente, recomiendo muy fervientemente esta serie. Además su vistosa puesta en escena y la corta duración de sus capítulos, hacen de Mary Shelley’s Frankenhole un producto liviano, para ver en cualquier momento del día y que resulta un potente revulsivo dentro de un verano salpicado por series prefabricadas y de argumentos aburridos. Dino Stamatopoulos hace un gran trabajo creativo desde todos los puntos de vista y presenta un inofensivo cuento de doce minutos que termina convirtiéndose en una perfecta transmigración de un clásico de siempre.

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