100 questions

100 MANERAS DE TORTURAR A UNA PERSONA. 100 questions es la nueva propuesta de la NBC para esta próxima temporada 2010/2011 –que ya calienta motores–, aunque sinceramente y si se me permite la objeción, si esta es su apuesta más fuerte bien merece una profunda empatía con la cadena por su escasa visión de futuro. Posicionamientos a parte, la serie de formato sitcom narra la vida de Charlotte Payne, una mujer independiente y emprendedora que acude a una empresa de citas para encontrar al amor ideal. De esta manera, los capítulos se estructuran alrededor de las idas y venidas de la joven Payne y de su grupo de amigos, en lo que será el camino hacia la felicidad emocional y, por nuestra parte, la ingesta desenfrenada de pastillas para el insomnio tras ver el episodio piloto.

Con una cabecera que bien se podría haber hecho con Windows Movie Maker, Chris Moynihan, junto con Alex Hardcastle y James Burrows, nos planta una comedia –si lo quiere llamar así– que no tienes por donde cogerla; par empezar, la idea de estructurar cada episodio en una pregunta que formula el asesor de citas de la agencia, es completamente ridícula. No sólo porque la trama no guarda ningún tipo de sentido sino que, a más a más, transmite una sensación de desorden y no saber que está pasando apopléjica. Sinceramente, si Anthony Giddens se pusiera a analizar como ha evolucionado la sociedad basándose en esta basura comprimida en 20 minutos, se daría con fuerza en la cabeza hasta perder el conocimiento. 100 questions se ve desfasada, demasiado parecida a Accidentally on Purpose y con unas risas enlatadas que suenan demasiado a los ochenta. Y molestan, intenta disimular la poca gracia de los chistes que se pasan, cual patata caliente, Wayne y Andrew, en lo que es un perfecto retrato del hombre neardental recién salido de las cavernas. Llamadme pesimista, pero el rol del tipo que no liga y el amigote que se las lleva a todas de calle empieza a estar un poco pasado de moda. Además de este prototipo tampoco falta la rubia tonta y la asiática con malas pulgas. Todos estos personajillos de teatro de vodevil sentados en un sofá, como no, –hay Friends, ¿por qué te fuiste tan pronto?– lamentándose de los ridículos problemas que les suceden a cada uno. No hay interés en lo que va a suceder porque es tan previsible que nuestra imaginación hace el resto.

100 questions no es más que otro producto pre-fabricado más, para colocar en un hueco desviado de la parilla con el que las cadenas no saben que hacer. Nada más. Ni los actores, ni las bromas, ni el dinamismo de las escenas ayuda a hacerse una idea de que estamos delante de una sitcom de una NBC seria y no frente a un circo ambulante, una tomadura de pelo. A Sophie Winkleman se le escurre el peso del personaje entre las manos, mientras que el resto, con nombres como Collette Wolfe o Benjamin Washington, ayudan a hundir por completo el producto. No hay macguffins ni galimatías extraños, tan sólo una historia más de lo complicado que es encontrar a tu alma gemela y la soledad del individuo. Nada más.

Primera impresión: 3,5

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