The Good Guys

EL BUENO, EL FEO Y EL DEL BIGOTE. He de admitirlo, aún no he superado el final de Perdidos. Casi tres días después, afronto cada nueva crítica con la certeza de que no encontraré una serie que me haga entregarme de nuevo en cuerpo y alma hasta perder la dignidad como la obra de Cuse y Lindelof. Pero hemos de mirar hacia delante, no lamentarnos por los que se fueron, que han sido dos grandes en menos de una semana, –digiere eso sentido común–, y ponernos las pilas porque los nuevos pilotos ya están aquí. Nos enfrascamos con Gravity, pero ese es otro cantar y no precisamente de este planeta y terminamos con la nueva propuesta de FOX, The Good Guys y el resultado nos ha dejado un sabor de boca un tanto agridulce.

The Good Guys, algo así como Los Buenos Chicos en nuestra jerga, nos narra la historia del típico tándem policial de San Francisco: por un lado está Jack –dichoso nombre–, el joven-palo, inexperto y ansioso por escalar posiciones dentro del cuerpo y Dan, la vieja gloria echada a perder, que cada mañana le saca al polvo a los trofeos de su destartalada vitrina. La verdad es que novedoso, lo que se dice novedoso no es. Pero lejos de convertir la serie en un cliché, Chechik, Kretchmer, Matheson y Shakman, le dan un giro de tuerca al sobado tema del poli bueno y poli malo para combinarlo con una sobredosis de disparos, muscles y música ochentera para mover el esqueleto. No hay más. Es un producto más, estereotipado, confinado en unas premisas muy marcadas que delimitan el patrón de las series que pertenecen a FOX. No es tan corrupta como Human Target a nivel narrativo, pero si que es cierto que no se presenta como algo atractivo al ojo del espectador. Es lo que yo llamo; el producto pre-fabricado. Lejos quedan los galimatías de Fringe, Expediente X o Dallas –oye, que saber cómo era posible que tanta gente viera esa porquería visual, tenía su mérito–, y con los que The Good Guys no se molesta en competir. No obstante, he de decir que me ha satisfecho en la justa medida en que la veía completamente en blanco. De una manera que me ha hecho percatarme que estaba ante un “blockbuster” más de la industria naranja, pensada para sacar a Whitford de su letargo y darle algo con que divertirse. Además, la perspectiva que nos plantea el piloto; presentación de los personajes, conflicto, resolución y posterior brindis, hacen preveer el sino de la serie. Su estreno no causó el furor esperado, aunque también cabe decir que el shock post-Lost, pasa factura.

Los actores del elenco no son nada del otro mundo pero se dejan ver. Para mí la que puede tener más gancho es Diana Maria Riva, que interpreta a la teniente Ana Ruiz. Una mujer latina, con malas pulgas, que se dedica a hacer la vida imposible a Jack y Dan. Quizás nos recuerda peligrosamente a una mezcla mal calculada de la teniente LaGuerta de Dexter y Gloria Akalitus, directora del hospital All Saints en Nurse Jackie. Aunque nada más lejos de la realidad, porque Ruiz se pasea de manera sutil por línea que la separa de convertirla en un aliciente a ser un verdadero pestiño. No obstante, aún es demasiado pronto y tendremos que esperar a ver como se desarrollan los acontecimientos. El resto aprueba justito el primer examen. Ni siquiera Whitford me merece interés. Lo he visto demasiado sobreactuado, como queriendo atraer constantemente el interés de la cámara hacia él y en algunos momentos se convierte en un juego irritante. Además creo que han estereotipado demasiado el papel y deja poco espacio para la actuación personal. Esperamos ver un tipo duro, que se comporta como tal, no tiene sentimientos, ni hígado –por lo que se ve–, por lo tanto, su evolución a lo largo de la serie nos interesa tanto como la procreación del cangrejo auzl de río. Lo que si que me gustaría destacar es la aparición de Andrew Divoff, el misterioso Mikhail “Pasta-Cabras” Bakunin en Perdidos, esta vez con todos los ojos de su cuerpo –literalmente–, dando vida a una especie de matón a sueldo con hijos incluidos. Aunque su registro no cambia, me ha entusiasmado verlo en otro ambiente y no con aquel horrible mono marrón que tan poco le favorecía.

En resumidas cuentas, The Good Guys es otro cuento del policía bueno y el policía malo, estereotipado y bien envuelto, con su lacito y todo, para que lo veamos como algo más que un mero “blockbuster” televisivo. Aunque si que es cierto que ha logrado arrebatarme una carcajada, la trama que sustenta la historia y que pretende engancharme a la serie no es suficientemente interesante para que surta efecto. Estoy harta de ficciones en las que no pasada nada o todo lo que sucede está ya inventado, clamamos por cosas nuevas –y más después de la muerte de Perdidos–, argumentos que nos hagan pensar, escenas que recordemos hasta en la fase rem del sueño, personajes translúcidos y sobretodo, una manera diferente de contar siempre lo mismo. Buen intento FOX, pero esta no me la cuelas

Primera impresión: 5,5/10

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