The Deep End

ANATOMÍA DE GREY PARA ABOGADOS. Ver The Deep End sin comparar la producción de David Hermingson con la hija predilecta de Shonda Rhimes, Anatomía de Grey, es más complicado que ver un ovni. Y no es que estos  no existan, si no, ¿qué demonios se pasaron haciendo Mulder y Scully más de seis temporadas? Pero volviendo al tema, lo cierto es que la nueva producción de la ABC no tienes por donde cogerla. Es más, la cadena no ha perdido el tiempo y ha cancelado el proyecto tras solo seis episodios emitidos. La vulgar copia, a lo Ana Rosa Quintana, no nos ha permitido colgarle la etiqueta de posible relevo de Boston Legal.

Todo comienza con cuatro personajes, creemos creer que aspirantes a abogados, que se presentan a un bufete para comenzar su brillante carrera en el mundo de los picapleitos de alto standing. Con claras alusiones a figuras como Izzie, Alex, O’Malley o Meredith Grey, The Deep End nos conduce al interior de una de las grandes compañías legales de Los Angeles, de la mano de estos insoportables novatos y su prueba de fuego, que es el primer día en el trabajo. Su jefe, un despiadado Billy Zane con un ojo más cerrado que otro y al que llaman con un apodo que le queda muy grande, será el encargado de ponerle las cosas difíciles y llevarlos más rectos que el palo de una fregona. Acompañado, eso sí, de su “mujer”, existen dudas, y un enano saltarín que conduce un Porsche negro y no tiene otro objeto que molestar. Hasta aquí, una campaña de marketing en toda regla que incita a bajarte los seis capítulos de golpe. Como sucede en Anatomía de Grey, pero en ésta de forma más brillante, en cada episodio de desentrañan casos de lo más absurdos y patéticos que no nos logran transmitir nada en absoluto. Buscan tocar la patata del espectador pero se quedan a medias, ya que desconocemos de que se trata y cual es el motivo del ímpetu de los nuevos por salvarles el culo. Supongo que había que ahorrar presupuesto nada más empezar la serie y ya aparecen líos y cuernos a mansalva. ¿Qué pretenden hacernos creer con la última escena en la que Cliff se presenta en casa de la deprimida secretaria con un ramo de flores? ¿Qué tiene sentimientos? Por favor, es patético e insulta a nuestra inteligencia mucho más por encima que esta basura de 45 minutos. Pero no nos vamos a quedar aquí, que va, ahora toca centrarnos en los variados y profundos personajes de The Deep End. Si no te interesa en absoluto, como a mi en el momento en que aparecen en pantalla, puedes ir al párrafo final.

Para empezar tenemos a Dylan Hewitt, he de admitir que acabo de conocer su nombre y ha sido gracias a san Google y no por el piloto de la serie, interpretado por Matt Long, un aburrido y patético abogado que busca ante todo la satisfacción del cliente frente al dinero y el prestigio de le empresa. Le sigue Beth Branford, o lo que es lo mismo, una marrana de turno que debido a su belleza y encanto cae bien a todo el mundo. Hum, me recuerda peligrosamente a Izzie. En fin, será el prozac. Junto a Dylan y Beth, al que nos intentan colar como el tío bueno de la serie, Liam Priory, llevado a la pantalla por el llano Ben Lawson y su magistral actuación cenicero. Es decir, capacidad interpretativa cero. No importa porque aquí viene Tina Majorino ha liberarnos del resto de horripilantes personajes, con su Addy Fisher y la incapacidad de esta para plantar cara a aquellos que se ríen de ella. Entre los altos jefazos de la compañía, Billy Zane, irreconocible desde su memorable actuación en Titanic, calvo cual Mr.Proper y dando una clase magistral de cómo aguantar más de 5 segundos la misma cara en cada plano. Su mujer, Nicole Ari Parker, más fea que un tropezón y perspicaz donde las haya, se encarga también de los trapicheos de su marido. Sin olvidarnos, como no, de Norbert Leo Butz que da vida a Rowdy, un abogado con nombre de perro que entrevista a los novatos y les da unos cuantos consejos. Completan el reparto principal Ben Lawson, el único más o menos pasable y Mehcad Brooks, que al ir vestido no he reconocido al primer vistazo.

The Deep End es tan Anatomía de Grey que incluso aparecen actores que han salido en la hija de Shonda. Es patética, aburrida, sin interés, demasiados líos en tan poco tiempo, la música poco sincronizada y unos planos situacionales muy, muy parecidos a las panorámicas de Seattle. Tampoco nos extrañaría que hubiera referencias a Melrose Place, con los decorados de la última escena, pero de momento le daremos un respiro y solo comentaremos que ha copiado a la serie de Patrick Dempsey. Si te gusta perder el tiempo y ver basura comprimida en formato televisivo esta es tu serie, si en cambio, eres de los nuestros, terminarás de leer esta crítica, te bajarás Los Soprano y disfrutarás como un señor de lo que es la ficción de verdad.

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