Perdidos

VIVIR JUNTOS, MORIR SOLOS. Hay toda clase de personas. Esas que ven series por devoción, otros porque les gusta la trama, algún que otro avispado que se las baja incluso sin subtítulos porque no puede aguantar hasta la semana que viene, y el resto, quizás una gran parte de la población, que simplemente las ven porque no tiene nada que hacer en ese momento. Yo veo Perdidos porque me gusta estar delante de algo que no acierto a comprender. Y lo mejor de todo es, que vas deglutiendo semana tras semana capítulos de más de cuarenta minutos para llegar a la conclusión de que sigues estando en el punto de partida. ¿Qué es Perdidos? ¿Una obra maestra? No, solo es una serie que ha parado el mundo.

Intentar hacer una breve sinopsis de Perdidos, y más a estas horas de la noche, sería como buscar una pulga en el culo de un elefante. Es complicado, exasperante y un tanto maquiavélico si no tienes ni la más remota idea de por donde empezar. Ya no basta con decir que son un grupo de personas que, debido a un extraño accidente aéreo, se pierden en una isla en la que pasan cosas extrañas. Ahora es mucho más que eso. Es un fenómeno que ha provocado que miles de personas se compren camisetas de una Iniciativa Dharma, que está más próxima de una secta que del Círculo de Lectores, que se abran bares inspirados en paisajes de la serie o que existan innumerables foros únicamente dedicados a elucubrar teorías y teorías sobre la última ida de olla de los guionistas. Es un fenómeno. Se ha terminado convirtiendo en una forma de vida, una serie “nerd” entre tanta telebasura, una posibilidad que nos permite soñar con la idea de que una televisión mejor, no tiene porque convertirse en una utopía. Si, somos unos frikis de Perdidos, ¿y qué?

El avión 815 de Oceanic, sobrevuela el Pacífico cuando un extraño incidente provoca que el aparato se parta en dos y termine estrellándose en una misteriosa “isla desierta”. En seguida los 40 pasajeros que sobreviven se dan cuenta de que no están solos y de que en aquella porción de tierra se respiran todo tipo de extrañas sensaciones. Jack Shephard, un médico que acaba de perder a su padre, intenta hacerse con el liderazgo de los náufragos, perdidos y con un terrible pánico encima, que no logran sacarse de encima ni con agua caliente. Gracias a su intervención comienzan a organizarse y a formar una comunidad dentro del caos que es su nueva vida. Hasta aquí sería la parte racional, que toda web escribirá como resumen y asunto resuelto, pero, Lindelof y Abrams nos tenían preparados algo mucho más grande que se esconde tras las palmeras de la playa. Retransmisiones de socorro, hombres con monos de color veis, un grupo de trogloditas mal hablados, gases de color negro y osos polares en un clima si más no, caribeño hasta la médula. Y por si esto fuera poco, nos lo mezclan con villanos sublimes, diálogos que pasarán a la posteridad y una música que evoca a otro mundo. No sabes lo que estás viendo, ni hacia donde lleva, pero te enganchas, te pierdes por esos laberintos mágicos que son la ignorancia de no seguir un hilo argumental normal y corriente. Cuando crees que ya has llegado a la solución, un giro de tuerca y las hipótesis se quedan en papel de fumar.

Si esperas encontrar en Perdidos una serie convencional, te has equivocado de ventanilla. Nos hemos adentrado en otra manera de ver la televisión. En poner en común aquello que no nos deja dormir tranquilos, pegar logos de la Iniciativa Dharma por doquier, ser los que más sabemos de un argumento que nos enseña cada vez más que somos unos novatos. Ni que decir cabe, que los actores bordan a la perfección sus personajes y nos transmiten todo con un simple gesto o una mirada a cámara. Se han colado en nuestras vidas de una manera que jamás creímos que podría ser, pero mal que nos pese, cuando termine en este 2010 la sexta temporada, todos sentiremos un vacío existencial muy profundo en nuestros corazones. Ya nada será lo mismo, ¡pero qué más da! Ya sabremos el motivo de todo esto y sentiremos que la espera ha valido la pena. Enrolarse en un viaje con tantas y tantas personas que admiran cada segundo de este producto de la ABC. No vale la pena gastar espacios ni caracteres en describir todo lo que pasa en cada una de las temporadas, si no te ha convencido lo que has leído hasta ahora para ver la serie, nada lo hará.

En resumen, Perdidos es y será siempre un referente que ha cambiado la manera de ver las series en todo el globo y ya, solo por eso, merece que nos quitemos todos el sombrero. En manos de los guionistas queda terminar de una manera verosímil todo este enjambre de utopías que se nos presentan sin conexión ninguna. No obstante, y pese a que no lo consigan, siempre serán recordados como aquellos surrealistas que pintaron una historia que superó con creces los cuatro marcos de la televisión. Namaste.

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