La incongruencia de ‘Grey’s Anatomy’: Un repaso por la distópica mente de Shonda Rhimes

Repasamos algunas de las paranoias más extravagantes que la creadora

La verdad es que el equipo de guionistas de Grey’s Anatomy se ha llevado la palma en cuanto a la destrucción de la trama principal de la serie y sus personajes. Si aún nos estábamos reponiendo de la increíble marcha de la Doctora Hahn y su no menos sorprendente “rollo bollo” con la hasta ahora heterosexual Callie Torres, nos llegan noticias de que a T.R. Knight (George O’Malley) le dan pasaporte. Lo sorprendente no es este hecho, puesto que ya venimos observando el escaso protagonismo que ha adquiriendo Knight en estos últimos capítulos, si no la poca profesionalidad de la que va dando muestra el elenco de “cerebros” que dan forma a Grey’s Anatomy, despidiendo, contratando y reviviendo a personajes que jamás tendrían que haber desaparecido de la serie.

Supongo que nadie recordará ya a aquel primer reparto que encabezó un proyecto, si más no ambicioso, y que se gano la ovación del público episodio tras episodio. Lo que está cada vez más claro es  que a ese “dream team” le quedan los días contados.

Primero fue el apuesto Preston Burke, interpretado por el siempre correcto Isaiah Washington, y que abandonó la trastienda por la parte de atrás. El motivo, haber insultado a T.R. Knight llamándolo maricón. Pese a las disculpas posteriores, Shonda Rhimes lo tuvo claro. Había que sacar al aquel personaje como fuera. Quizás por afán de demostrar lo “party-gay “que era o por el hecho de que en ese momento Knight era su protegido, la cuestión es que destruyó una figura fundamental en la historia de la serie hasta ese momento. Una pena, porque la trama de la boda y la vida marital de Burke y Cristina pintaba muy bien. Miles de fans se manifestaron en contra de esta injusticia, alegando que lo personal no tiene por que inferir en lo profesional y más habiéndose disculpado después.

Pero esto no se queda aquí. Pocos capítulos después Allison Montgomery abandonó también la serie, aunque visto el futuro que le deparaba ya podía haberle dado una oportunidad a Mark Sloan. En fin, la cuestión es que su personaje no podía aportar nada más y debían darle un cambio de aires. De ahí ese viaje psicodélico a Los Ángeles para reencontrarse con sus queridos amigos de la infancia, aunque me da a mi en la nariz que lo que buscaba era más bien otra cosa. Independientemente de las precarias condiciones sexuales de la Montgomery, que no tienen que desviarnos de la cuestión, el hecho es que su personaje era técnicamente perfecto. Un peón que podía dar un juego tremendo a los acontecimientos que se sucedieron después. Yo aposté desde el principio por un lío entre Callie y ella, total, a Torres ya le va todo. Ambas se encuentran frustradas por sus matrimonios fallidos, se han acostado con Sloan y necesitan más un revolcón que el propio sueldo. ¿Quién no recuerda aquella mítica escena de Sloan entrando en la sala de descanso y ambas mirándole con cara de vicio? Sublime.

Saltando un poquito más en la evolución de las temporadas, llegamos al caso Hahn. Un personaje completamente abominable, pero personaje al fin y al cabo. ¿Alguien sabe que pasó con ella? ¿Desapareció en el triángulo de las Bermudas o en Brasil? Lo que estaba claro es que su historia de amor con la siempre recurrente Torres, no cuajó desde el principio. ¿Que debió hacer O’Malley para que se cambiara de acera tan rápidamente? Misterios de esos de X-Files que nunca se nos desvelarán, como las apariciones dignas de Cuarto Milenio de Denny Duquette. Pero de eso ya hablaremos más adelante. Prosiguiendo con el lesbianismo inhóspito de la serie, en ningún momento presente hasta la misteriosa conversión de Torres, se buscó en el personaje de la Doctora Hahn un sustituto con la misma autoridad que Preston Burke. Supongo que con la idea de intentar mantener viva la rama de cardiología que tanto juego daba. Si no, no le veo el sentido. Pero la primera en la frente. La personalidad brusca de la mujer, sus malas relaciones con Cristina y el poco brío que le ponía a todo, la convirtió en un personaje fácil de odiar. Visto y no visto. La verdad es que su “cameo”, por llamarlo de alguna manera, en el final de la segunda temporada ya apuntaban maneras. Independientemente de nuestra percepción de Hahn, merecía si más no, una despedida digna. Y eso no sucedió así.

Para finalizar, y no menos importante, la cantidad de actores que se han ido, han entrado, se han quedado pero luego se han ido otra vez, iban al lavabo, al coche, a casa, se morían, revivían por obra del espíritu santo, servían como ángeles anunciadores de la buena de dios, etc. De ese enorme elenco de extras me gustaría destacar al que ha sido quizás el más explotado por el equipo desde su estelar aparición en Desde un principio, Denny Duquette. Para empezar, fue un personaje completamente novedoso que le otorgó a la serie, y sobretodo a Izzie, un rol que nos descolocó a todos. Yo, sinceramente, quería un Denny Duquette en mi vida. Pero como parecía que iba a terminar bien esa historia, Rhimes mató al pobre chico en aquel espectacular con mayúsculas final de segunda temporada que marcó un antes y un después en la historia de la televisión. Cuando todos empezábamos a hechar de menos a al perfecto Denny, aparece de repente en el hospital más ancho que largo para anunciarle a Meredith que ha muerto. Hasta ahí, aceptable. Pero en la quinta temporada, Rhimes nos tenía preparado un paquetito bien bonito con un lazo y todo de color rosa. Duquette entra de nuevo en acción convirtiéndose prácticamente en un personaje más del reparto y acostándose con la tan feliz y necrofílica Izzie, que a la vez está saliendo con Alex. Durante más de tres capítulos nos cansamos de ver a Denny actuando de novio protector y a la vez tolerante que no deja a su chica ni a sol ni a sombra. En rumor comenzó a extenderse rápidamente por la red; Izzie tenía un tumor cerebral, de ahí sus alucinaciones. A lo que Shonda respondió con un no tajante. A finales de la quinta temporada nos encontramos, no solo con que aquello era verdad, si no con la posible desparición de dos personajes que no merecen, para nada, dejar de formar parte del Seattle Grace Hospital. Shonda, Shonda, Shonda…

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